viernes, 19 de agosto de 2011

Día 11 ¡Viva Las Vegas!

Desayunamos en Lee Vining, en un bar de carretera “auténtico”, rodeados de clientela autóctona y servidos por una camarera de 70 años uniformada, unos huevos con bacon y patatas paja blanditas que nos supieron a gloria. Mientras, la colada se secaba en la laundry de al lado, con un “home less” esperando a que termináramos, para meter sus gayumbos. Ni los hermanos Cohen hubieran diseñado una escena mejor.

La carreta que nos lleva a Las Vegas comienza con un trazado tipo montaña rusa, que nos entretiene tanto, que las millas pasan sin que nos demos cuenta. Enseguida cruzamos el estado. Fijaros que pinta tienen los típicos turistas californianos que van a Las Vegas.

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Ahora bajamos al sur con el Death Valley a nuestra derecha y la zona de pruebas nucleares del ejército a la izquierda…un lugar fenomenal para pinchar a 45ºC.

Seguimos entretenidos, porque por las pistas del desierto que nos rodea, son surcadas a toda leche por todo tipo de engendros mecánicos y es que resulta que estamos coincidiendo con el raid Las Vegas-Reno.

La cara de los enanos cuando empezamos a divisar los casinos de LV desde el coche son un poema.

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Nos alojamos en el Escalibur. Con niños es un sitio recomendable, con estética tipo castillo medieval, casino para niños y varias piscinas con tobogán.

La emoción nos embarga, así que salimos como locos a pasear por el “Boulevard”. Como cualquier adjetivo se va a quedar corto, voy a definirlo de otra forma. Es el “anticristo” de las ciudades. Hace un calor acojonante que ronda los 40-45ºC. Representa todo lo que cualquier persona con un mínimo de ética repudiaría…y sin embargo te sientes bien…muy bien…hagas lo que hagas te entretienes, te diviertes o incluso te asombras. La gente por la calle trasmite ganas de fiesta continuamente y además podemos beber por la calle como si estuviéramos en las fiestas del pueblo (botellas de aluminio de Bud heladas, que pueden competir perfectamente con los botellines de Mahou).

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Cierto que a pesar de las tiendas caras y los decorados monumentales de cartón piedra el “glamour” brilla por su ausencia pero…¿quién lo quiere?…¡fiesta, fiesta y fiesta!

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Algunos valientes quisieron darle emoción a la noche

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Obsérvese la cara de felicidad de los padres

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Cenamos muy bien en un italiano del Paris-Paris y regresamos al hotel temprano. No tengo fotos de las siguientes horas en el casino (hasta las 5 A.M.) con Jose y Sito…solo puedo dar las gracias a las señoras por quedarse en las habitaciones con los niños y enunciar la frase: LO QUE SE HACE EN LAS VEGAS, SE QUEDA EN LAS VEGAS.

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