Empezamos el día saludando a Rafa y a Alejandra que estaban dormidos cuando llegamos y nos unimos todos en un súper desayuno de tortitas caseras, que se curró la anfitriona mientras preparábamos la visita a San Francisco.
Decidimos ir hasta Tiburón para conocerlo un poco y desde allí coger el ferry a la ciudad. A la casa del Mori se accede por una carretera muy revirada, arropada por una vegetación densa en donde se esconden toda clase de animales y por claros con vistas fantásticas de la bahía.
La carretera continua hasta Tiburón, una pequeña población coqueta y agradable que frecuentaremos en varias ocasiones a lo largo del viaje y que hoy descubrimos con curiosidad mientras embarcamos en el ferry.
El ferry es muy rápido y la mezcla de sol de verano con niebla, viento y baja temperatura nos recuerdan: los otoños del norte de España y lo bien que nos aviso Sandra sobre el clima (aunque no nos lo creíamos).
El viaje es muy recomendable con grandes vistas de la bahía, flanqueada por los puentes y con la ciudad al fondo.
Paseamos por SF guiados por Sandra sin prisa, sin marcarnos objetivos turísticos y disfrutamos mucho de la ciudad. Ya desde el primer momento se aprecia lo agradable y acogedora que es con el visitante.
Para premiar a los enanos, por lo bien que se están portando, nos acercamos al Pier 39. Mucho decorado, mucha tienda y mucha comida rápida, pero guarda un tesoro…montones de leones marinos toman el sol, en parking flotantes, en pleno centro urbano, mientras pequeños y mayores disfrutamos del espectáculo.
Parada en una tienda de chuches XXL y nos vamos a comer con el Mori que se ha podido escapar un ratito de la oficina.
Nos llevan a comer una hamburguesa de calidad y decidimos ir al barrio chino por la tarde.
El barrio chino es muy entretenido y vistoso. A pesar de lo sobrecargado de la decoración y de la acumulación de tiendas y objetos no agobia lo más mínimo.
El día está acabando y las chicas se vuelven para casa en el ferry mientras los chicos nos vamos al súper a comprar la cena y algo de “alpiste” para animar las sobremesas.
La cena se la curra el anfitrión en su súper barbacoa, a base de salmón de Alaska braseado sobre tablas de madera. Un lujo, que unido a los vinos de Napa, al buen rollo y al cansancio acumulado trae como consecuencia un cachondeo de alto nivel.
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