Después de un montón de reuniones previas en las que nos pusimos “moraos” de comer y beber, de preparativos y planificaciones, de acumulación de masa económica, y auto convencimiento de que los niños se lo pasarían bien “si o si”, decidimos por fin:
!!!!!!VIAJAR A CALIFORNIA Y VISITAR A JOSE Y SANDRA!!!!!!
El previo del viaje fué de película de terror. Solo unas pinceladas de las dos semanas previas a coger el avión: caídas en bici, robo de carteras, espionaje de visas, alergias con peligro de muerte, multas de la benemérita, etc.
Sin embargo, a la hora señalada del día D, nos encontramos todos en Barajas, con mucha ilusión y un buen rollo contagioso.
Volábamos con Air Canadá haciendo escala en Toronto de dos horas. Muy justo “ya lo sabemos Mori” pero: que es la vida sin riesgo….
El primer avión se pasó rápido gracias a todos los aparatos electrónicos que llevamos y las pantallas de los asientos. Pero llegamos con retraso a Toronto y la escala la tuvimos que hacer literalmente corriendo por los pasillos del aeropuerto como locos. Teniendo en cuenta la forma física de los mayores (hernias, sobrepeso, dolores de espalda), los seis niños que llevamos de 4 a 10 años, las 12 maletas de equipaje, seis mochilas, dos bolsos y un carrito de niño….era “pa” vernos como pasamos la aduana. Pero llegamos. Por los pelos, pero llegamos.
El segundo avión se hizo más pesado pero soportable.
Llegamos a San francisco con el Mori esperándonos. Abrazos sinceros y ni pizca de cansancio.
Nos vamos a por el coche de alquiler asesorados por el Mori, que comienza aquí un periplo de tres semanas de mezcla entre: azafato de viaje, asesor cultural, confesor y macho alfa, que desarrollará a la perfección y que nos permitirá disfrutar de este viaje al 100%.
Conducimos por USA por primera vez, de noche, siguiendo al Mori, hasta Tiburón. Dejo marcados los dedos en el volante de la concentración que llevo y cuando llegamos a su casa flipamos en colores.
Efectivamente, no es que se haya pillado una urbanización de adosados entera, es que la casa es así de alucinante.
A pesar de que ya es tarde (en USA muy tarde) Sandra nos está esperando con los brazos abiertos, con cena caliente (para 12) y con la mesa puesta…Nos sentimos agradecidos, abrumados y felices.
nos ensañan la casa (volvemos a flipar), repartimos habitaciones (enormes y acogedoras) y pasamos una cena muy agradable llena de proyectos.
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